Allison Peterson
salió de su casa a toda prisa dejando el vaso lleno de jugo de piña sobre la mesa, era parte de su cábala beber sin falta uno cada mañana pero ese
día su apuro se lo impidió, sentía desde temprano la necesidad de ir a visitar
a su mamá para decirle lo mucho que la quería, pues un mal augurio la estaba atormentando.
La chica entró a casa de su
progenitora apresuradamente, la encontró en la cocina vistiendo todavía la dormilona,
se abalanzó sobre ella y le dio el más cálido abrazo que jamás le había
entregado, “te amo y te extrañaré”, le susurró al oído, y seguidamente se
marchó si decir nada más, dejando a Mary Peterson confundida en la soledad de
su hogar.
Allison corría desaforadamente por
la calle, cruzaba los semáforos a toda prisa sin mirar a los lados, y se
tropezaba con varios de los transeúntes que se encontraban en su trayecto.
Caminó dos cuadras más hasta llegar a casa de Emily Skull, su mejor amiga e
hija del brujo amigo de Mary, quien la esperaba en el pórtico bastante preocupada, pues
Allison la había llamado esa misma madrugada anunciándole que tenía un muy mal
augurio acerca de algo que no lograba distinguir. Las amigas se abrazaron
brevemente y enseguida entraron en la esotérica residencia de los Skull, rumbo
a la habitación de Emily.
El cuarto de la menor de los Skull
era poco espacioso pero bastante acogedor, el único lugar de la casa donde no
hedía a incienso ni a polvos mágicos, Allison se dejó caer en la alfombra entre
sollozos y Emily la ayudó a sentarse, le dio un vaso de agua y le pidió que le
contara lo que había soñado. Tras escuchar la historia, una atónita Emily llamó
a su padre, Heliodoro, y le contó con lujo de detalles la visión que se le
había presentado a su amiga la noche anterior. Allison sabía que soñar con su
propia muerte era básicamente eso, que iba a morir, y con su fallecimiento
vendría la total decadencia de la ya viuda Mary Peterson y las inconsolables
lágrimas de sus amigos cercanos. Heliodoro arrojó las runas al suelo y su ruido
retumbó por la habitación, la cual se oscureció durante un instante, para luego
volver a su coloración natural. Heliodoro anuncia con rostro inexpresivo que
nada malo le sucederá y que debe relajarse pues así anuncian las Deidades
rúnicas, a veces lo que sueñas no necesariamente significa lo que debería.
Allison se sentía aliviada, pues estaba
segura que ese sueño significaba su muerte, pero también tenía seguridad de que
nadie en la ciudad conocía más que Heliodoro Skull sobre el significado de los
sueños. Ya de mediodía, volvió sobre sus pasos hacia su casa, y a tan solo una
cuadra de llegar, quedó paralizada por un momento para segundos después salir
disparada por los aires estrellándose contra el cristal de la tienda de música,
la cual había formado parte de su sueño. El asesino, que montaba un peculiar
vehículo cubierto de cientos de notas pegadas se dio a la fuga, dejando a
Allison tendida en el pavimento sobre una laguna de su propia sangre y cubierta de
numerosos fragmentos de vidrio que en algunas partes de su cuerpo le
atravesaban la epidermis.
Una desgarrada Mary acudía diariamente a los aposentos
subterráneos de Skull para hablar con su hija a través de necromancia; la mujer
estaba tan cegada por el dolor que jamás se percató de que al otro lado de la
habitación yacía cubierto bajo una larga sábana el peculiar vehículo cubierto
de notas, aquel que dejó desolado para la eternidad al vaso de jugo de piña.
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