sábado, 22 de noviembre de 2014

Al Final del Túnel

            —¡Alej! ¡Alej! ¡No, por favor! —gritó Rem con todas sus fuerzas.

Al final del túnel, las luces del tren desaparecieron tras una curva pronunciada, y todo quedó a oscuras en la plataforma. La situación era muy confusa, lo único que recordaban era que estaban los tres esperando en el atiborrado andén como solían hacer todas las tardes, hasta que de pronto un corte eléctrico apagó la escena por un instante. Para cuando la luz volvió, no quedaba nadie más que ellos en la plataforma, y de un momento a otro apareció un descuidado tren, del que algo salió,  tomó a Alej y lo raptó. Nada parecía tener sentido. ¿Nunca has experimentado una sensación de confusión similar?

            —Vamos a tener que ir tras él —sentenció Manrrod firmemente ante la atónita mirada de su compañero—. Créeme que no entiendo nada de lo que sucede, pero será mejor que sigamos ese tren.

            Manrrod bajó de la plataforma a los rieles y Rem se unió a él. Iniciaron la marcha siguiendo la vía por donde el tren había desaparecido, tras caminar unos metros, el apestoso olor a muerto, la helada temperatura y la absoluta oscuridad impregnaban la escena. El ruido de los incontables roedores e intermitentes crujidos y golpes se volvían cada vez más desesperantes a medida que avanzaban torpemente entre los rieles mientras que Manrrod y Rem comenzaban a sentir que estaban siendo vigilados por oscuras presencias, probablemente de los suicidas que alguna vez se quitaron la vida en ese mismo lugar. ¿No te has puesto a pensar jamás en cuántas almas en pena vagan por los túneles del metro?

            Continuaron caminando durante horas, la desesperación y el miedo imperaban, la sed y el hambre los debilitaba, y la esperanza de encontrar a su amigo se desvanecía, pero de pronto, una sombra en el suelo les llamó la atención: era el cuerpo desollado de Alej, quien yacía tirado en el piso sobre un gran charco de su propia sangre. Rem cayó de rodillas a su lado, se tapó el rostro con ambas manos y comenzó a llorar desconsoladamente mientras que Manrrod se limitó a bajar la cabeza en señal de respeto.


De un momento a otro, y sin explicación, dos paredes sellaron ambos lados del túnel, dejando a Manrrod y Rem encerrados junto al occiso. Los tubos del techo se reventaron y el agua de cloaca empezó a inundar el estrecho espacio. Primero les subió por los tobillos, luego a las caderas, después al cuello, hasta que finalmente los superó. Desesperados, intentaron contener el aire todo lo que pudieron, pero era demasiado tarde.

                                                           Por Manuel A. Rodríguez P.