—¡Alej! ¡Alej! ¡No, por favor! —gritó Rem con todas sus
fuerzas.
Al final del túnel,
las luces del tren desaparecieron tras una curva pronunciada, y todo quedó a
oscuras en la plataforma. La situación era muy confusa, lo único que recordaban
era que estaban los tres esperando en el atiborrado andén como solían hacer
todas las tardes, hasta que de pronto un corte eléctrico apagó la escena por un
instante. Para cuando la luz volvió, no quedaba nadie más que ellos en la
plataforma, y de un momento a otro apareció un descuidado tren, del que algo
salió, tomó a Alej y lo raptó. Nada
parecía tener sentido. ¿Nunca has experimentado una sensación de confusión similar?
—Vamos
a tener que ir tras él —sentenció Manrrod firmemente ante la atónita mirada de
su compañero—. Créeme que no entiendo nada de lo que sucede, pero será mejor
que sigamos ese tren.
Manrrod
bajó de la plataforma a los rieles y Rem se unió a él. Iniciaron la marcha
siguiendo la vía por donde el tren había desaparecido, tras caminar unos metros,
el apestoso olor a muerto, la helada temperatura y la absoluta oscuridad
impregnaban la escena. El ruido de los incontables roedores e intermitentes
crujidos y golpes se volvían cada vez más desesperantes a medida que avanzaban
torpemente entre los rieles mientras que Manrrod y Rem comenzaban a sentir que
estaban siendo vigilados por oscuras presencias, probablemente de los suicidas
que alguna vez se quitaron la vida en ese mismo lugar. ¿No te has puesto a
pensar jamás en cuántas almas en pena vagan por los túneles del metro?
Continuaron
caminando durante horas, la desesperación y el miedo imperaban, la sed y el
hambre los debilitaba, y la esperanza de encontrar a su amigo se desvanecía,
pero de pronto, una sombra en el suelo les llamó la atención: era el cuerpo
desollado de Alej, quien yacía tirado en el piso sobre un gran charco de su
propia sangre. Rem cayó de rodillas a su lado, se tapó el rostro con ambas
manos y comenzó a llorar desconsoladamente mientras que Manrrod se limitó a
bajar la cabeza en señal de respeto.
De
un momento a otro, y sin explicación, dos paredes sellaron ambos lados del
túnel, dejando a Manrrod y Rem encerrados junto al occiso. Los tubos del techo
se reventaron y el agua de cloaca empezó a inundar el estrecho espacio. Primero
les subió por los tobillos, luego a las caderas, después al cuello, hasta que
finalmente los superó. Desesperados, intentaron contener el aire todo lo que
pudieron, pero era demasiado tarde.
Por Manuel A. Rodríguez P.