Me desperté de
inmediato al sentir el breve pero estruendoso golpe que recibió la embarcación
en la popa, salí de mi camarote a toda prisa esperando encontrarme con toda la
tripulación alerta y lista para informarme de la situación, sin embargo
solamente se oían los ronquidos provenientes de la cubierta inferior, vaya
marineros me gasto. Inicié mi recorrido por la barandilla y con la mirada fija
en las aguas color zafiro del Golfo de México en busca de aquel objeto o
individuo que había interrumpido mi sueño, en ellas flotaba una botella y en su
interior parecía haber un pergamino enroscado, de haber sido una botella
cualquiera me habría dado igual, la hubiese dejado vagando a la deriva, sin
embargo, aquella bóveda de cristal ya la había visto antes, con forma de pera y
tapa de corcho verde que solo podía venir de un lugar: la Isla del Turpial.
En la Isla del Turpial me crié y
aprendí mis primeros amarres, fue donde me convertí en Capitán de “El Marinero
de Madera” con tan solo 16 años de edad, esa Isla representa mucho para mí, me
trae cientos de memorias de mi infancia, pero también me recuerda por qué huí
de ella, era tradición y ley que al convertirte en capitán debías asesinar a
sangre fría a tres miembros de tu familia ante el ayuntamiento, ese era el
precio que debías pagar para demostrar lo que valías como guerrero de los siete
mares, yo simplemente no pude hacerlo, escapé a toda prisa con mi nave sin
tripulantes, ni suministros, solo me fui de allí cobardemente, nunca miré hacia
atrás y desde aquel día nada supe de mis familiares y amigos, ni mucho menos
del destino de aquella Isla.
Lo pensé dos veces antes de lanzar
una de las redes al mar para pescar la botella, la subí a toda prisa por los
laterales del barco y la sostuve entre mis temblorosas manos mientras la
contemplaba durante varios segundos para finalmente descorcharla y sacar del
interior el pergamino que contenía un extraño e inesperado mensaje para mí: “La
guerra ha terminado, el ayuntamiento ha caído, se convoca a todos los capitanes
a presentarse con urgencia en la
Isla del Turpial a recibir el Loro Dorado.” Todo pirata tiene
sueños y aspiraciones, deseos de dominar el mar hasta más allá del fin del
mundo, pero nada se compara con la obtención del Loro Dorado, la más increíble
recompensa que puede recibir un capitán
en su vida. Pero ya va, ¿guerra? ¿es que acaso ha habido una guerra en la Isla de Turpiales? ¿y qué
tengo que ver yo con eso? ¿por qué habría de recibir el Loro Dorado al mérito
sin haber hecho nada? Las piezas de la carta no encajan, algo me dice que debo
cambiar rumbo de inmediato hacia mi Isla natal, averiguar qué está pasando y
quién ha enviado ese extraño mensaje.
Me despierto con un intenso dolor de
cabeza y es entonces cuando caigo en cuenta, la botella en forma de pera y corcho verde era la que estaba bebiendo la
noche anterior con delicioso ron en su interior, ayer fue mi cumpleaños y lo
celebramos intensamente en la discoteca más popular de la ciudad, todo ese
cuento de piratas había sido un juego creativo de mi borrachera, y el mensaje
misterioso en su interior era parte de ello, por un momento me alegré de no
tener una historia tan extraña como ese capitán, pero todo cambió al ver en mi
mesa de noche el mismo papel que apareció en mis sueños.
-Manuel R.
No hay comentarios:
Publicar un comentario